martes 20 de marzo de 2012

...El cine que me gusta...

Una historia como la de Gil de Midnight in Paris de Woody Allen que vive en el presente pero que a medianoche se transporta a los años 20, la época de oro, de Paris es tal vez el mejor largometraje en la que se transmite el deseo de vivir, de vivir como uno quiere y como uno desea y como uno imagina. O, si la cosa anda de malas, mantener a tu hijo y mostrarle un mundo que no es porque tu intención es protegerlo de la verdad, de una verdad trágica. Eso hizo Guido, un italiano descendiente de judíos que se casa y tiene un hijo y vive en la era de Hitler en aquella gran película que fue la primera que vi en mi vida, La Vida es Bella. 

Es ahí, cuando me doy cuenta que el cine, después de entretener y dar placer a la vista con imágenes increíbles y sorprendentes y extraordinariamente inimaginables mas no para los creativos cineastas o guionistas, te comunica el sentir del protagonista. La magia de la pantalla grande es esa que te envuelve y te convierte en espectador de la acción y oyente de los pensamientos de aquel sujeto que corre a la casa del amante de su esposa que se encuentra en coma como lo hizo Clooney en Los Descendientes o aquel otro que, llevando la antigua bandera estadounidense, gritaba que mantuvieran la línea ante los británicos como lo hizo Gibson en El Patriota.

Pero tampoco neguemos que el cine, y en especial el de Hollywood, está produciendo filmes que no aportan a la cultura sino a simplemente entretener y embrutecer a la gente con imágenes sin sentido o con diálogos estúpidos y sin fondo. A mi parecer, Transformers es una película que aporta a la estupidez colectiva, en cambio Toy Story y Buscando a Nemo, con menor tecnología usada, son excelentes.

Es por ello que quedé maravillado con Hugo de Martin Scorsese. A pesar de ser una película en 3D y hecha gran parte de la cinta en computadora, no dejó que la historia del niño Hugo, escrita por Brian Selznick, se perdiera por tanto efecto especial. Aunque debo reconocer que estos ayudan a que se transmita de una forma fabulosa la historia del niño de la estación del tren. 

Para ir terminando, ve al cine. No porque los efectos son grandiosos ni porque actúa el actor de tu preferencia. Ve una película que transmita un mensaje. Ve al cine.

sábado 17 de marzo de 2012

...El Tema Antauro...



En los últimos días, ha estado de moda hablar de los privilegios que el hermano del presidente Ollanta, Antauro, está recibiendo. Ahora ya no. O mejor dicho, el gobierno no quiere hablar del tema. Ollanta está en un "no hablo de temas menores". El premier Valdés también anda en lo mismo. Y, sorpresivamente, la primera dama Nadine dijo que "ahora estamos concentrados en Madre de Dios". 

Esa línea dicha por la esposa del presidente, se puede entender que están preocupados por el bienestar y la salud de los pobladores y la vida silvestre de la región de Madre de Dios y que acabarán con la minería ilegal e informal que mata todo que está a su alrededor. Y eso es bueno. Es alentador y muy bien percibido por la opinión pública que estén trabajando por la conservación del medio ambiente peruano. Pero deben entender, y mucho más Nadine, quien se perfila para ser candidata en el 2016, que no dar una opinión o comentario sobre un tema que no es importante pero que a la sociedad peruana, o al menos limeña, le interesa será perjudicial para la imagen del gobierno.

La oposición criticó, y con muchas razones, el silencio de la pareja presidencial sobre el tema Antauro. Por ejemplo, el congresista Carlos Bruce denunció, como todos, los privilegios del etnocacerista. Lo mismo hizo Víctor Andrés García Belaunde. "Todos los reos deben tener el mismo trato", precisó. Los fujimoristas, por su lado, se arañan porque el presidente no explica sobre lo de Antauro. Pero claro, cuando se trata de hablar sobre los privilegios del expresidente Fujimori, ahí no dicen nada. O sea que Alberto pudo dirigir la campaña de su hija Keiko pero no quieren que Antauro dirija a esos tontos que le escriben a sus correos electrónicos consultándole qué persona es apta o fácil de utilizar para tal o cual cargo. 

El jueves 15, "24 horas" publicó un informe de Inteligencia en el cuál se indica quienes fueron trasladados, al igual que Antauro, al establecimiento penitenciario "Virgen de la Merced". Lo que más resalta es el traslado de Percy Vilcape Huahuala, quien acompañó a Antauro en el intento de golpe de Estado en Andahuaylas. El informe también señala que el hermano del presidente posee un televisor plasma, celular y dos cuartos designados". Al día siguiente, el ministro de Justicia se refirió al tema: "El informe es falso. Esa persona (Percy Vilcape Huahuala) no se encuentra en el establecimiento penitenciario "Virgen de la Merced"". ¿Eso quiere decir que Inteligencia no es tan inteligente como se supone que es? ¿O sea que redactan informes mal hechos y no verifican si dicha persona está en el lugar donde se supone que debería estar? 

Otro punto que también llama la atención es el motivo por el cual Antauro fue trasladado. Dicen que por "seguridad". ¿Acaso Antauro no estaba recluido en un penal de "máxima seguridad" como se supone que es Piedras Gordas? Si lo trasladaron por temor a que fuera secuestrado por algún reo loco o desquiciado, entonces desde ahora deben quitarle a Piedras Gordas el título de "máxima seguridad". Es lo más lógico, ¿no?

Pero bueno. ¿Quién soy yo para cuestionar las decisiones de Nadine?

sábado 11 de febrero de 2012

...Una cita de viernes 13 - parte final...

¡Vaya! Jeison tendrá un bebé. Había una gran probabilidad de que tuviera un bebé a los 20 años. Esperaba que fuera a los 19 pero las estadísticas no son tan exactas. También era probable que yo tuviera un bebé a los 18 pero por cosas del destino o porque mi ex y yo siempre nos controlábamos, más yo, a la hora de tener sexo. Debo agregar que usé condón unas pocas veces, cuatro. Así que fui muy afortunado.

Luego de tal sorpresa, me preguntó cómo estoy, qué hice en estos cuatro años que no nos vimos ni hablamos. Le conté que en quinto año de secundaria me cambié de colegio. Coincidí con Jeison en un colegio cerca a mi casa. Le conté aquella vez que me mudé a San Miguel y cómo mi papá ideó un plan para deshacerse de mí. Y algunas otras cosas más que no recuerdo.

Luego me preguntó cómo la veo.
- ¿A qué te refieres?
- O sea, ¿he cambiado?
- Aaaaayaaaa... (la miré unos segundos) Pues, la verdad, no. Te veo igual. Sigues siendo más alta que yo. Te veo igual.
- Awww, gracias. Mis amigos dicen que he cambiado mucho.
Esperaba que me dijera "¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Sí he cambiado, ya!", pensé.
- Bueno, te ves igual.

Terminamos de comer. Ella dejó un poco de pollo. No la comí porque ya estaba satisfecho con mi pechuga. Pedí la cuenta.
- ¿Boleta o factura?
- No, cuenta.
(luego pensé)
- Sí, sí, boleta.

No tengo idea cuánto me costó la cena. Sólo saqué el billete de cien que tenía en el bolsillo y listo. Pero calculo que menos de treinta soles. Nos retiramos del restaurante. Me pidió que fuéramos para otra calle para que chape una combi que la leve más rápido a su casa. Accedí.
- Se tarda mucho tu carro.
- Síiii... ¡Qué fastidio!
- Esperemos.
- Oye.
- Dime.
- ¿Quieres ir a conocer mi casa? Así otro día vas a visitarme.
- Está bien.

¿Es acaso una propuesta indecente? ¿Se me está insinuando? No, no creo. No voy a pensar mal. De seguro, no quiere ir sola por allá y necesita que alguien la acompañe. O tal vez no tiene pasaje porque gastó su sol llamando a su mamá para pedirle que me llamara a avisarme que aún seguía esperándome. Sí, debe ser lo segundo. Bueno, no importa. Además, estuvo esperándome... ¡45 minutos! Estoy obligado a acompañarla.

Subimos a la combi.
- ¿Crees que tu mamá me reconozca?
- Sí. Sí te vio cuando estuvimos en videollamada.
- Ah, cierto.
- Ay, chino, ¿qué tendrás en esa cabecita?
(luego de unos minutos)
- Oye
- ¿Qué?
- ¿Tienes cosas de valor?
- Eeeeh... Mi plata.
- Dámelo, no me robarán a mí.
- Ah, gracias por preocuparte.
Llegamos a una esquina. Me dice que bajemos. Caminamos por una calle estrecha. Había unos chicos y chicas jugando con una pelota de voley. Me pareció muy tranquilo el lugar. Vimos un borrachito caminando. Cambiamos de vereda. Salimos de ese lugar tranquilo y entramos a una calle bulliciosa y con gente de mal vivir y con chicos con un estilo reggaetonero chusco y chicas con postura de perreadoras natas. Me indicó que entrara a un portón azul. "Ahora sí estamos a salvo", me dijo. Era una residencial. Llegamos a un edificio. "¡Mamáaaaa!", gritó. Oh, bueno, eso quiere decir que no subiré a su casa a saludar a su mamá.
- ¿No sería mejor que la llames por su nombre?
- Sí, ¿no?

Luego de unos intentos, su mamá se acercó a la ventana.
- Má, ya llegué. Estoy con Joel. Voy a acompañarlo a que tome su carro, ¿ya?
- Ya.
- Hola, señora... Chau, señora.

Estuvimos esperando creo yo más de 20 minutos un taxi. Hasta que al fin llegó un taxi decente del cuál confiaba que no me raptaría. Antes de subir al carro, Sheyla me devuelve mi dinero y me da las gracias por la cena.

Fue una bonita cena. Me agradó. Fue divertido. Casi se estropea por mi idiotez pero salió bien. Confieso que es la primera vez que salimos. Como amigos pero fue mi primera cita con ella. Y fue agradable. Me gustó. Ojalá se repita. La próxima vez si acordaremos bien y esperaré en el lugar indicado. No volveré a hacerla esperar 45 minutos, ni siquiera 3.

Creo que puedo ser un buen amigo y resarcir, indemnizar, compensar ese mes y medio de relación que tuve con ella y que salió pésimo. Haré lo posible por ser un buen amigo. Se lo merece. No un enamorado que prefería beber en vez de estar con ella. No un enamorado que sea callado. Sino un buen amigo. Espero serlo. Te quiero, chinche.

sábado 4 de febrero de 2012

...Una cita de viernes 13 - parte 3...


¡Increíble! ¡Me esperó! ¡45 minutos! ¿Eso significará algo? ¿Acaso dios me está diciendo que debo darme una segunda oportunidad con ella? Espero que no. No porque no me guste, la verdad me gusta, sigue siendo muy linda, aunque odio que sea más alta que yo, sino porque no quisiera malograr esta bonita amistad que por primera vez tengo con una de mis ex. Es la primera vez que me llevo bien y no me aburro con una ex. Así que, así estamos bien. Ahora es mi amiga, una amiga fastidiosa.

- Hola, sheyla.
- Hooolaaa.
(besito en la mejilla)
Caminamos hacia uno de los restaurantes de Plaza Norte. No sabía qué decirle.
- Yyyyy... ¿Qué hacías mientras me esperabas?
- Mirando a la gente. ¿Dónde estabas esperando? Te dije que en la puerta principal de Wong.
- Es que yo pensaba que la puerta era la de allá (señalo con mi dedo).
- Tonto.
- Discúlpaaameee por hacerte esperar.
- Okey... No vuelvas a hacer eso, ¿ya?
- Okey.

Punto en contra. Soy mal enamorado y ahora soy un mal amigo que deja a su amiga hambrienta esperando 45 minutos allí parada mientras ve a la gente pasar llevando bolsas. Le pregunté si es que habrá algún restaurante abierto ya que eran más de las diez de la noche. No sabía. Ojalá que haya alguno abierto sino me mata y me dejará de ver y habré perdido una ex más.

- Ufff... Están abiertos.
- Sí.
- Y bien... ¿En cuál comemos?
- No sé.
- ¿En Rústica? Así comes y bailas.
- Sigamos viendo.

Subimos al segundo piso. La sección de comida rápida. Vimos Bembos, McDonalds, KFC y demás. No eligió ninguno. "Bajemos", dijo.

- Mira "Las Canastas".
- ¿Dónde?
- Ahí.
- No las veo.
- El restaurante.

Entramos a Las Canastas.
- ¿Qué pedimos?
- A veeer... Yo, pechuga de pollo.
- Yo un cuarto de pollo.
- ¿Algo para tomar? -pregunta el mesero.
- Eeeh... De ahí, pedimos.
(el mesero se retira)
- Yyyy... ¿Cómo has estado? -pregunté.
- Bien, bien. ¿y tú?
- Bien también. ¿Cómo está tu hermanita?
- Más gorda.
- ¿Y tu mamá?
- Ahí, tranquila.
- ¿Cómo te va en el IFB?
- Bien.
- ¿Qué curso estás estudiando ahora?
- Costos.
- Aya... ¿Cómo estuvo tu semana?
- Bien. Tranquila. Cansada por el trabajo.
(traen los platos que pedimos)
- ¡Qué rico! -expreso.
(como una papa frita)
- ¿Qué pasó? -me pregunta.
- Está... caliente.
- Jajaja, tonto.
- ¿Qué pedimos para beber? ¿Pisco sour?
- Nooo.
- ¿Chicha o Limonada Frozen?
- No, chicha helada no. Estamos comiendo grasa y beber algo helado nos hará mal.
- Está bieeeen. Entonces, chicha caliente.
- Jeje.
- Yo quería chicha frozen.
- Entonces, pide.
- No importa, además si lo pido luego te antojaré mi chicha.

Seguimos comiendo. Confieso que odio usar el cuchillo para cortar la pechuga de pollo. Pero estaba en presencia de Sheyla y no quería parecer un puerco que come con la mano. Quería dar una buena impresión. Comí primero las papitas fritas y luego devoré la pechuga de pollo.

- ¿Y cómo te decidiste a estudiar Administración Bancaria? Pregunto porque hace tiempo que no sé nada de ti y no sé que habrá pasado así que por eso pregunto.
- Pues, porque sí.
- ¿Te gustan los números?
- Algo.
- Ah.
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- ¿Por qué decidiste estudiar Periodismo?
- Pues, porque sí.
- ¿Te gusta las letras?
- La verdad, no.
- ¿Estudias algo que no te gusta?
- Sí. Me gustan los números.
- ¿Y por qué no estudiaste ingeniería o algo sobre números?
- Es que ya me había aburrido de eso. Además, quise estudiar algo que no sé. Y no sé comunicaciones. Suena tonto.
- Sí. ¿Pero te gusta hasta ahora tu carrera?
- Desde que cerraron una oficina en el que estaba, no.

Seguimos cenando. Hubiera preferido una cena más tranquila, más romanticona, así como le gusta a una chica. Pero había mucha gente y bulla. Lástima. Estoy por comer uno de los últimos pedazos de la rica pechuga de pollo que ordené cuando Sheyla me confiesa algo importante que no esperaba. De verdad, no lo esperaba. Me dejó algo estupefacto por no decir cojudo. Aunque pensándolo bien era muy probable que sucediera. La probabilidad que sucediera era tan alta para formar parte de la estadística.
- ¿Te acuerdas de la enamorada de mi hermano? -me pregunta.
- Mmm... ¿La chica que lo acompañaba cuando fue a mi casa a buscarte?
- Sí.
- ¿Qué tiene?
- Está embarazada.
- Ou... ¿Y cuánto tiempo tiene?
- Unos dos meses.
- ¿Tú mamá sabe?
- Sí. Se molestó.
- Obvio.
- Ahora está trabajando para los gastos del bebé.
- Aya.
- Se sacó una tarjeta naranja. Con eso se compró una laptop y más cosas.
- ¿En serio?
- Sí.
- Dile que compre más cosas y salga del país. Así queda libre de pagarlas.
- Sí, se lo diré.

jueves 19 de enero de 2012

...Una cita de viernes 13 - parte 2...

Luego de tuitear, alisté la ropa que usaría para mi salida con Sheyla. Fue un poquito difícil escoger el pantalón que usaría ya que tengo pantalones que uso para verme flaco con unas zapatillas y tengo otros que uso con otro tipo de zapatillas que me hacen un poco más alto. Escogí uno que me hiciera ver un poquitín más flaco, pero elegí el otro par de zapatillas. Elegí el par que me hacía un poco más alto.

Debo confesar que Sheyla es más alta que yo. Sí, sí. Fue decepcionante ver que cuatro años después ella siga siendo más alta que yo. Creí que los centímetros que crecí me ayudarían a verme más alto pero ¿a quién voy a engañar? Soy un maldito chato. Por eso elegí las zapatillas que me hacían un poco más alto, para que, al menos, esté casi casi a la par de ella. Y bueno, elegí también un polo blanco para que me hiciera, sí, más flaco. He engordado mucho desde el año pasado. Creo que debo meterme a un gimnasio y ejercitarme. Pero ese es otro tema y asunto que pronto solucionaré.

8:47 de la noche.
Me bañé. Bien bañadito por si acaso.

9:03 de la noche.
Mientras me vestía, decidí servirle un poco de sus croquetas a mi gato, en caso me demore, pues para que no esté esperando por comida.

9:10 de la noche.
Salí de la casa rumbo a mi encuentro con Sheyla en el lugar que quedamos. "Me esperas en la puerta principal de Wong". Solo conozco una puerta, así que debe ser esa. Caminé hasta el paradero. Chapé mi couster. Cincuenta céntimos. Caminé hasta la puerta de Wong. Esperé.

"Cuando la vea, la saludaré e iremos a comer algo rico. Trataré no ponerme nervioso".
"Hay mucha gente".
"Me pregunto cómo vendrá".
"No me gusta ser de los que esperan".
"Se ve rico ese helado".
"Se supone que esta es la puerta. Bueno, es la única que conozco".
"¡Oh! El trencito comenzó a andar".
"Maldito tren, casi me atropella".
"Esa chica se ve linda".
"¡Oh, mierda! Se sentará ahí y me verá esperar".
"¿Por dónde puede ser que venga?".
"Creo que está adentro y yo como idiota aquí afuera".
"Me duelen mis piernas".
"¿Será ella? No, muy vieja".

9:42 de la noche.
"Creo que ya se habrá regresado a su casa. No creo que espere tanto", dije. Regresé a casa. Me cambié de ropa. Llamé.
- Hola.
- Hola, ¿está Sheyla?
- Hola, Sheyla acaba de llamarme: "Joel no se aparece, mamá. Llámalo y dile que estaré en la puerta del Scotiabank".
- ¿Fue hace mucho esa llamada?
- No, no. Recién. Ni bien colgó, me llamaste.
- Ah, okey. Regreso entonces.
- Okey, Joelito. Ve.

Mierda, mierda, mierda. Está allí todavía esperando. Volví a vestirme pero esta vez decidí ponerme el otro par de zapatillas. Es que esos se ajustan con pega-pega. No tenía tiempo para estar amarrándome los pasadores del otro par. Podría. Porque de verdad con ese par me vería más alto. Pero necesitaba llegar rápido antes que se fuera. Caballero, a ser lo que soy. Chato. Me remojé la cabeza porque tenía un calor inmenso. Salí.

Mientras caminaba al paradero pensé: No puedo creer que siga esperando. Si hubiera sido cualquier otra chica, se hubiera ido, pero ella se quedó a esperar y encima llamó a su mamá para decirle que me llame y me diga que sigue esperando mi llegada. Yo de verdad que me sorprendí.
También pensé: ¿Qué me dirá? ¿Cómo me recibirá? ¿Qué mirada me pondrá? ¿Me asesinará? ¿Me ahorcará? ¿Me gritará en frente de toda la gente? ¿Me mirada con desprecio y luego se irá? Mínimo una cachetada y si se puede que sea con amor. ¿Pedirá más comida para que pague más? Ahora sí estoy realmente nervioso.

Llegué al paradero y tomé un taxi.
- ¿A Wong?
- Pero si está aquí no más... Tres solsitos.
- Vamos.

"Ojalá que aún no se haya ido, ojalá que aún no se haya ido", pensaba mientras el chofer conducía hasta Wong. Pensé: Cenaré con la chinche. Había un óvalo frente nuestro. El chofer debía ir de frente, pero éste giró.
- ¡¿Qué hace?!
- Uuuuyyyy... Disculpa, debía ir de frente. No te preocupes, un giro no más.
- Sí... Es que tengo una amiga que está esperándome yyy...
- Sí llegamos. No te preocupes, chinito.
(llegamos)
- Bien, gracias.
- ¡Suerte!

Bajé del taxi apresurado. Corrí. Vi el logo de Wong. "Allí estaba la puerta", pensé mientras corría a toda prisa por encontrármela. Ingresé.
- ¡¡¡Heeeyyy!!!

Volteé.
Era ella.
Era Sheyla.