sábado, 11 de febrero de 2012

Una cita de viernes 13 - parte final

¡Vaya! Jeison tendrá un bebé. Había una gran probabilidad de que tuviera un bebé a los 20 años. Esperaba que fuera a los 19 pero las estadísticas no son tan exactas. También era probable que yo tuviera un bebé a los 18 pero por cosas del destino o porque mi ex y yo siempre nos controlábamos, más yo, a la hora de tener sexo. Debo agregar que usé condón unas pocas veces, cuatro. Así que fui muy afortunado.

Luego de tal sorpresa, me preguntó cómo estoy, qué hice en estos cuatro años que no nos vimos ni hablamos. Le conté que en quinto año de secundaria me cambié de colegio. Coincidí con Jeison en un colegio cerca a mi casa. Le conté aquella vez que me mudé a San Miguel y cómo mi papá ideó un plan para deshacerse de mí. Y algunas otras cosas más que no recuerdo.

Luego me preguntó cómo la veo.
- ¿A qué te refieres?
- O sea, ¿he cambiado?
- Aaaaayaaaa... (la miré unos segundos) Pues, la verdad, no. Te veo igual. Sigues siendo más alta que yo. Te veo igual.
- Awww, gracias. Mis amigos dicen que he cambiado mucho.
Esperaba que me dijera "¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Sí he cambiado, ya!", pensé.
- Bueno, te ves igual.

Terminamos de comer. Ella dejó un poco de pollo. No la comí porque ya estaba satisfecho con mi pechuga. Pedí la cuenta.
- ¿Boleta o factura?
- No, cuenta.
(luego pensé)
- Sí, sí, boleta.

No tengo idea cuánto me costó la cena. Sólo saqué el billete de cien que tenía en el bolsillo y listo. Pero calculo que menos de treinta soles. Nos retiramos del restaurante. Me pidió que fuéramos para otra calle para que chape una combi que la leve más rápido a su casa. Accedí.
- Se tarda mucho tu carro.
- Síiii... ¡Qué fastidio!
- Esperemos.
- Oye.
- Dime.
- ¿Quieres ir a conocer mi casa? Así otro día vas a visitarme.
- Está bien.

¿Es acaso una propuesta indecente? ¿Se me está insinuando? No, no creo. No voy a pensar mal. De seguro, no quiere ir sola por allá y necesita que alguien la acompañe. O tal vez no tiene pasaje porque gastó su sol llamando a su mamá para pedirle que me llamara a avisarme que aún seguía esperándome. Sí, debe ser lo segundo. Bueno, no importa. Además, estuvo esperándome... ¡45 minutos! Estoy obligado a acompañarla.

Subimos a la combi.
- ¿Crees que tu mamá me reconozca?
- Sí. Sí te vio cuando estuvimos en videollamada.
- Ah, cierto.
- Ay, chino, ¿qué tendrás en esa cabecita?
(luego de unos minutos)
- Oye
- ¿Qué?
- ¿Tienes cosas de valor?
- Eeeeh... Mi plata.
- Dámelo, no me robarán a mí.
- Ah, gracias por preocuparte.
Llegamos a una esquina. Me dice que bajemos. Caminamos por una calle estrecha. Había unos chicos y chicas jugando con una pelota de voley. Me pareció muy tranquilo el lugar. Vimos un borrachito caminando. Cambiamos de vereda. Salimos de ese lugar tranquilo y entramos a una calle bulliciosa y con gente de mal vivir y con chicos con un estilo reggaetonero chusco y chicas con postura de perreadoras natas. Me indicó que entrara a un portón azul. "Ahora sí estamos a salvo", me dijo. Era una residencial. Llegamos a un edificio. "¡Mamáaaaa!", gritó. Oh, bueno, eso quiere decir que no subiré a su casa a saludar a su mamá.
- ¿No sería mejor que la llames por su nombre?
- Sí, ¿no?

Luego de unos intentos, su mamá se acercó a la ventana.
- Má, ya llegué. Estoy con Joel. Voy a acompañarlo a que tome su carro, ¿ya?
- Ya.
- Hola, señora... Chau, señora.

Estuvimos esperando creo yo más de 20 minutos un taxi. Hasta que al fin llegó un taxi decente del cuál confiaba que no me raptaría. Antes de subir al carro, Sheyla me devuelve mi dinero y me da las gracias por la cena.

Fue una bonita cena. Me agradó. Fue divertido. Casi se estropea por mi idiotez pero salió bien. Confieso que es la primera vez que salimos. Como amigos pero fue mi primera cita con ella. Y fue agradable. Me gustó. Ojalá se repita. La próxima vez si acordaremos bien y esperaré en el lugar indicado. No volveré a hacerla esperar 45 minutos, ni siquiera 3.

Creo que puedo ser un buen amigo y resarcir, indemnizar, compensar ese mes y medio de relación que tuve con ella y que salió pésimo. Haré lo posible por ser un buen amigo. Se lo merece. No un enamorado que prefería beber en vez de estar con ella. No un enamorado que sea callado. Sino un buen amigo. Espero serlo. Te quiero, chinche.

sábado, 4 de febrero de 2012

Una cita de viernes 13 - parte 3


¡Increíble! ¡Me esperó! ¡45 minutos! ¿Eso significará algo? ¿Acaso dios me está diciendo que debo darme una segunda oportunidad con ella? Espero que no. No porque no me guste, la verdad me gusta, sigue siendo muy linda, aunque odio que sea más alta que yo, sino porque no quisiera malograr esta bonita amistad que por primera vez tengo con una de mis ex. Es la primera vez que me llevo bien y no me aburro con una ex. Así que, así estamos bien. Ahora es mi amiga, una amiga fastidiosa.

- Hola, sheyla.
- Hooolaaa.
(besito en la mejilla)
Caminamos hacia uno de los restaurantes de Plaza Norte. No sabía qué decirle.
- Yyyyy... ¿Qué hacías mientras me esperabas?
- Mirando a la gente. ¿Dónde estabas esperando? Te dije que en la puerta principal de Wong.
- Es que yo pensaba que la puerta era la de allá (señalo con mi dedo).
- Tonto.
- Discúlpaaameee por hacerte esperar.
- Okey... No vuelvas a hacer eso, ¿ya?
- Okey.

Punto en contra. Soy mal enamorado y ahora soy un mal amigo que deja a su amiga hambrienta esperando 45 minutos allí parada mientras ve a la gente pasar llevando bolsas. Le pregunté si es que habrá algún restaurante abierto ya que eran más de las diez de la noche. No sabía. Ojalá que haya alguno abierto sino me mata y me dejará de ver y habré perdido una ex más.

- Ufff... Están abiertos.
- Sí.
- Y bien... ¿En cuál comemos?
- No sé.
- ¿En Rústica? Así comes y bailas.
- Sigamos viendo.

Subimos al segundo piso. La sección de comida rápida. Vimos Bembos, McDonalds, KFC y demás. No eligió ninguno. "Bajemos", dijo.

- Mira "Las Canastas".
- ¿Dónde?
- Ahí.
- No las veo.
- El restaurante.

Entramos a Las Canastas.
- ¿Qué pedimos?
- A veeer... Yo, pechuga de pollo.
- Yo un cuarto de pollo.
- ¿Algo para tomar? -pregunta el mesero.
- Eeeh... De ahí, pedimos.
(el mesero se retira)
- Yyyy... ¿Cómo has estado? -pregunté.
- Bien, bien. ¿y tú?
- Bien también. ¿Cómo está tu hermanita?
- Más gorda.
- ¿Y tu mamá?
- Ahí, tranquila.
- ¿Cómo te va en el IFB?
- Bien.
- ¿Qué curso estás estudiando ahora?
- Costos.
- Aya... ¿Cómo estuvo tu semana?
- Bien. Tranquila. Cansada por el trabajo.
(traen los platos que pedimos)
- ¡Qué rico! -expreso.
(como una papa frita)
- ¿Qué pasó? -me pregunta.
- Está... caliente.
- Jajaja, tonto.
- ¿Qué pedimos para beber? ¿Pisco sour?
- Nooo.
- ¿Chicha o Limonada Frozen?
- No, chicha helada no. Estamos comiendo grasa y beber algo helado nos hará mal.
- Está bieeeen. Entonces, chicha caliente.
- Jeje.
- Yo quería chicha frozen.
- Entonces, pide.
- No importa, además si lo pido luego te antojaré mi chicha.

Seguimos comiendo. Confieso que odio usar el cuchillo para cortar la pechuga de pollo. Pero estaba en presencia de Sheyla y no quería parecer un puerco que come con la mano. Quería dar una buena impresión. Comí primero las papitas fritas y luego devoré la pechuga de pollo.

- ¿Y cómo te decidiste a estudiar Administración Bancaria? Pregunto porque hace tiempo que no sé nada de ti y no sé que habrá pasado así que por eso pregunto.
- Pues, porque sí.
- ¿Te gustan los números?
- Algo.
- Ah.
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- ¿Por qué decidiste estudiar Periodismo?
- Pues, porque sí.
- ¿Te gusta las letras?
- La verdad, no.
- ¿Estudias algo que no te gusta?
- Sí. Me gustan los números.
- ¿Y por qué no estudiaste ingeniería o algo sobre números?
- Es que ya me había aburrido de eso. Además, quise estudiar algo que no sé. Y no sé comunicaciones. Suena tonto.
- Sí. ¿Pero te gusta hasta ahora tu carrera?
- Desde que cerraron una oficina en el que estaba, no.

Seguimos cenando. Hubiera preferido una cena más tranquila, más romanticona, así como le gusta a una chica. Pero había mucha gente y bulla. Lástima. Estoy por comer uno de los últimos pedazos de la rica pechuga de pollo que ordené cuando Sheyla me confiesa algo importante que no esperaba. De verdad, no lo esperaba. Me dejó algo estupefacto por no decir cojudo. Aunque pensándolo bien era muy probable que sucediera. La probabilidad que sucediera era tan alta para formar parte de la estadística.
- ¿Te acuerdas de la enamorada de mi hermano? -me pregunta.
- Mmm... ¿La chica que lo acompañaba cuando fue a mi casa a buscarte?
- Sí.
- ¿Qué tiene?
- Está embarazada.
- Ou... ¿Y cuánto tiempo tiene?
- Unos dos meses.
- ¿Tú mamá sabe?
- Sí. Se molestó.
- Obvio.
- Ahora está trabajando para los gastos del bebé.
- Aya.
- Se sacó una tarjeta naranja. Con eso se compró una laptop y más cosas.
- ¿En serio?
- Sí.
- Dile que compre más cosas y salga del país. Así queda libre de pagarlas.
- Sí, se lo diré.