lunes, 12 de abril de 2010

No sé por qué me enamoré de él


Es un idiota, una bestia, un verdadero estúpido. No sé que le vi a él. Que tonta al haberme enamorado de alguien como él. ¿Porqué, Dios mío, tengo que estar tontamente enamorada de alguien como él? Al inicio era estupendo, nos comprendíamos y nos queríamos y él no decía una mala palabra, bueno no en mi delante. Quizá se portaba bien conmigo porque, debo suponer, nos quedábamos una hora y luego cada uno se iba a su casa. Ahora que estoy más tiempo con él, descubro las verdaderas actitudes que lo caracterizan, así como él hacia mí. Nos encontrábamos en la salida del colegio y me acompañaba al paradero. Ahora está distinto. Quizá me enamoré de ese chico y me frustré del chico que es ahora. No lo sé.

Me siento mal cuando me grita, en el caso que me haya tardado cuando regreso del trabajo, y me deja de hablar por unos minutos. A veces peleamos y después estamos bien o  estamos bien y después peleamos. No sé que tiene. No sé que pasará por su cabecita de tontito universitario. ¿Qué habrá en esa cabecita? Me pregunto mucho y a veces ya me cansa hacerlo y dejo de preguntarme. Raras veces me siento mal, eso sí. La mayoría de las veces me siento feliz y atraída por ese chico, por ese chico que un domingo me confesó que yo le gustaba y que quería estar conmigo.
- ¿De veras, te gusto yo?
- Sí
- ¿De veras?
- Sí. Tú eres la chica que me gusta.

Un día cuando recién hablábamos, me confesó que no cree en Dios. Me sorprendí. Le pregunté reiteradas veces que cual es el motivo que no cree en él. Me contesta que ya analizó todas las variantes. Yo le dije que quizá no creía porque Dios nunca lo escuchó. Se ríe. Me pregunta si Dios hizo algo por mí. Le contesto que sí. Dime, de qué manera, me pregunta. Me dio apoyo. Se hace el desentendido. Okey, te dio apoyo pero acaso vino y te dijo algo o hizo algo material, me pregunta. Me pareció tonto. No supe contestarle porque sabía que no bajaría la guardia y me seguiría contradiciendo todo lo que diga.
- Quizá Dios hizo que nos encontráramos para que te ayude -le dije.
- ¿En qué me vas a ayudar a mí?
- En que creas en él y para que te ayude porque no puedes vivir así.
- Jajaja. ¿Tú crees?
- Nunca conocí a un chico que no crea en Dios.
- Hablemos de otra cosa.
- Está bien. Pero mañana te traeré mi cuaderno para que lo leas.
- ¿Que lea qué?
- Es un cuaderno donde escribí sobre mi estadía en el convento.
- Okeeeyyy.
Se lo llevé y lo leyó. No hablamos mucho del tema. Pero me agradó compartir algo personal con alguien como él. El primer chico no creyente que, posteriormente, me enamoraría.


Es terco y tarado y estúpido y gruñón y pelucón y renegón y orgulloso y fastidioso y demás cosas que no quisiera acordarme. No se lava el cabello a diario, únicamente lo hace los sábados o a veces se lo lava cada dos semanas, no usa desodorante, no come verduras, come frituras, no hace nada en casa, no saluda en San Miguel, no cree en Dios, no ayuda a su prójimo, no respeta y se burla de los discapacitados. Así es este chico. De este chico es de quien me he enamorado. Es con este chico con quien llevo la relación más larga que tuve, un año y cinco meses por ahora. Así como lo leen. ¡Un año y cinco meses! ¡POR AHORA!

Ni crean que fueron divertidos. Este muchachito, histérico por su cabello, es muy pero muy pero recontra celoso. Caminamos de lo más tranquilos y cuando mi vista está en dirección por donde hay chicos, y eso que ni siquiera los estaba viendo, me dice que los siga viendo. Yo: "¿QUÉ?". Que los sigas viendo, me dice. Luego se calla y seguimos caminando. A mí ni me agrada ni me gusta ni soporto estar caminando con alguien que es mi enamorado y se queda callado porque piensa que estuve viendo a otro chico. Yo lo que hago es acercarme a él y abrazarlo y que decirle que lo quiero y que tengo ojos para él porque es mi enamorado.  

Tiene un comportamiento, que yo obviamente rechazo, hacia su papá y la pareja de su papá, últimamente. Según él, no va contra ninguno de ellos, que lo que escribió en su blog son meras diferencias entre la casa de Los Olivos, su mamá, y la de San Miguel, su papá. Yo no le creo. No mucho. Él en ese posteo que publicó hace unos días se queja diciendo que en San Miguel hay computadora pero no hay internet, no hay gaseosa que tomar, ya que este chiquito de miércoles está acostumbrado a tomar gaseosa, hay un carro que lo toma saliendo de la casa y lo deja a 8 cuadras de su facultad pero le cobran noventa céntimos, a él, no le importa los noventa céntimos, le molesta caminar hasta allá porque él es un chico que suda mucho, y tiene una hermanita que grita, hace bulla y él no soporta eso. Mejor dicho no soporta a los niños.
                   
Me pregunto qué pasará si llegamos a casarnos, qué pasará si llegamos a tener un hijo. ¿Lo va a tratar así? Sé que es muy pronto de estar pensando en eso. Él me contesta que será diferente. Él me dice que quiere ya un hijo, aún estando en la universidad. Yo le digo que está loco y que se espere. A mí me gustaría tener uno pero no ahora y eso Joan ya lo tiene claro. 

Yo a él le prohibí que escriba sobre nuestra intimidad y me alegro que lo esté cumpliendo. Este loquito tiene pensado hacer un libro. Un amigo de su papá que trabaja en una imprenta le dijo que escriba un libro y en su cumpleaños lo publicarán o no sé que harán con el bendito libro en donde este maldito quiere que escriba yo también. Me dice que hará ese libro, pero que lo haría si yo escribo con él. Quiere que en el libro salgan nuestros nombres como los autores. Él tiene pensado hacerlo de una manera que según él nunca ha leído. Quiere que escribamos en paralelo. Así dice él. Me explicó cómo pero yo para escribir no tengo ese 'don', como le dice siempre su papá.

Su papi lo quiere mucho y me molesta que se comporte de una manera muyyy... no sé como decirlo pero sé que su papá se siente mal cuando su hijo le habla mal. "Él será mi padre pero no tiene esa autoridad que perdió hace años cuando, por cobarde y orgulloso, se fue de la casa. Ella será mi madre pero después de acordar que ese cuarto que me dio era totalmente mío y que yo podía meter a quien yo quiera y que tenía libertad para hacer lo que yo quiera, desde ese momento, perdió su autoridad parcialmente", eso dice Joan. Es como un cachorrito que lo dejan solo y se forma solo y se educa solo.


Me molesté cuando, en el primer viaje que hice con Joan fuera de Lima, él y su mamá, mientras comíamos junto con su primo, planeaban, por decirlo de alguna manera, como quitarle plata a su papá y como quitarle el carro que tiene. Me enojé y cuando estuvimos en el cuarto ya para dormir le dije que quería terminar con él. Me preguntó porqué y le contesté. No me dijo nada y se echó dándome la espalda. En eso escucho que lloraba. No pude dejarlo. No pude dejar que llorara de esa manera como lo hacía, como un niño. Me entristeció y lo consolé. Le dije que se olvidara lo que le dije.
                   
Hace unas semanas hubo dimes y diretes de parte de él contra su mamá y de su mamá contra él. Me revienta que diga que no pasa nada, que son sólo cosas del blog y que si su mamá se siente así y escribe esos comentarios, pues son porque está dolida o, más probable aún, que esté dolida porque su papá ya no le pasa dinero. Joan es un baboso. Eso es lo que es. Me duele ver que una madre y un hijo se traten de esa manera. Los comentarios que hizo su mamá en su blog son hirientes. Aunque él dice que no le causan nada, que los toma como simples comentarios y que le divierte. Me entristece que su madre lo haya botado de su casa. Me da risa cuando Joan dice que ahora está 'asilado' en una casa de San Miguel. Es un tonto, ¿ya lo dije, no?


No sé por qué no le caigo a su hermana y a su mamá. No les hice nada. Cuando me quedaba en Los Olivos con Joan, lavaba los platos que ensuciaba y barría porque no me gusta que esté sucio la casa y menos el cuarto de Joan. Al inicio la relación entre su hermana y yo estaba bien: conversábamos, le ayudaba con su hijo. Pasó el tiempo y comenzaba a comportarse de una manera que no me podría explicar. Su acusación contra mí era que no le daba privacidad. Luego, inventó que su pareja quería irse de la casa porque yo estaba ahí. Joan habló con su cuñado y fue falso. Cada vez que iba a su casa, sentía sus malas caras contra mí. Por eso yo no salía a la sala, me quedaba metida en el cuarto. Yo no tengo nada contra ellas. Siempre quise que nos lleváramos bien. Las quejas de su hermana nos distanciaron.

Joancito, Joancito, chinito y brutito y jodidito. ¿Qué le habré visto? No estuve borracha. ¿Qué me gustó de él? ¿Qué habrá hecho este chiquito para llamar mi atención? Sus ojos. Puede ser. Quizá me llamó la atención lo callado que era en el colegio. Me recuerdo que no hablaba casi con nadie. Eso me habrá gustado de él, porque lo vi distinto a los demás. Me emocioné el día que me enteré por messenger que haría grupo con él y con una chica más. Pactamos para encontrarnos y fui y me hizo ingresar a su, en ese entonces, casa. Yo me sentí extraña cuando dijo: "Ven, vamos a mi cuarto". O seaaa. Oh, my God!!! Entré y ahí estaba su computadora. Su cuarto estaba tan desordenado que preferí no decir nada al respecto. No avanzamos nada del trabajo. Pero me agradó conocerlo un poco. Muy poco. Luego me enteré que la chica con quien también formabamos grupo gustaba de Joan. Ahí me dije que tengo que ayudarla para que esté con él. Todo mi plan se vino abajo, y que bueno que fue así, cuando ese dichoso domingo 9 de Noviembre del 2008 en su casa me dijo que yo le gustaba.

Un día tuve el percance de olfatear su axila. ¡Guácala! ¡Como apestaba! Me armé de valor y le pedí que usara desodorante. Se burló pero me hizo caso y comenzó a utilizar desodorante. Me sentí aliviada y agradecida con él. No soy mala. ¿Alguna soportaría tener a su chico oliendo a sudor o lo que fuese por las axilas? Nada que ver. Preferí cuidar mi linda nariz. Por lo menos lo tomó a bien. Hace unos meses se le acabó el desodorante. Yo me dije: "Santo Dios, ayúdame". Creo que me escuchó. Joan se fue a comprar un desodorante. Ufff... Pero le duró poco y otra vez le estuve rezando a Dios. Por suerte, tengo trabajo y tengo plata y hace unos días le compré un desodorante Aval. Se rió y me dio un beso y me dijo que me quiere mucho.

Me encanta cuando me dice que me quiere o que me ama o ambas. Me encanta que me diga: "Te deseo". Me encanta cuando me hace caritas. Me encanta cuando hace de loquito. Lo que más me encanta, me gusta, de él es cuando me dice: "Te amo, Catrina". Con solo agregar mi nombre a esa frase me hace sentir especial y única. Se ve tontito y gracioso. Adoro verlo como un niño y el adora verme como una niña. Nos reímos. Nos vacilamos. Nos carcajeamos hasta ya no poder más. A él le agrada que haga el ladrido de un perrito. A mí me agrada cuando me explica como niño que hacen los papás y las mamás. Se ve tierno y adorable. Eso me gusta de él. Es por eso que me siento enamorada y me niego a dejarlo. Me niego a perder a ese chico que se comporta como niño.
                  
No importa cuanto me queje. No importa cuanto me diga a mí misma que detesto la conducta de Joan. No importa cuanto me diga que no soporto a ese chico. Lo único que me importa es que lo quiero, que lo amo, que lo adoro y que siempre estaré a su lado para apoyarlo sin importar contra quien se ponga. Ese chico liberal, orgulloso, distraído, celoso, olvidadiso, terco, que ahora suele usar desodorante aunque de todas maneras suda, ateo, renegón, controlador, callado aunque comnigo no, ansioso, alterado, gruñón, histérico, lisuriento, juguetón, ocioso y demás es de quien estoy enamorada y atraída. ¿Por sadomasoquismo? ¿Por baja autoestima? No, de ninguna manera. Ni soy sadomasoquista ni tengo baja autoestima. Yo contestaría porque ese chico supo conquistarme. Supo conquistarme, de la única manera que encontró y que le funcionó: Escribiendo.

Ay. El amor. El amor que le tengo ahora es... es inmenso, podría decir, y él lo sabe. Es total y gigantesca y grotescamente inmenso por todo lo que le soporto y por todo lo que hace y por todo lo que habla y por todo lo que escribe en ese maldito blog. Ese maldito blog. Ese maldito blog donde me declara siempre su amor y me idolatra y me vuelve su diosa y musa y me llena de elogios y de adjetivos muy significativos y cariñosos y tiernos para mí. Es en ese maldito blog donde justifico sus terribles actitudes hacia mí. Ese maldito blog donde la protagonista he sido, soy y seré por siempre yo.