lunes, 31 de agosto de 2009

Domingo en la madrugada en la cama



- ¿Hay alguna razón por la que me estés diciendo todo esto? - pregunto.
- No sé, sólo quiero que seas feliz y que encuentres a una chica que sea paciente y te ayude a cambiar - me responde.
- ¿Tú no crees ser esa chica?
- No sé.
- ¿Entonces porque me dices todo esto o es que ya no me amas?
- Sí, te amo, Joan, eso no lo dudes.
- Pues no parece. ¿Estás segura que haces esto porque ya no me tienes paciencia o lo dices porque encontraste a otro chico? -pregunté.
- No, Joan.
- Porque si es así puedo soportarlo y dejarte libre, quizá era eso que me querías decir desde hace meses y no tenías el valor de decírmelo.
- No, Joan, no hay otro. Yo te amo a tí.
- ¿Segura?
- Sí, muy segura.
- ¿No hay otro que te guste por tu barrio o por el messenger o quizá del colegio de tu hermano?
- ¿Vas a empezar de nuevo?
- Solo pregunto. Quizá sientes algo por "quien-ya-sabes"
- No y no me molestes.
- Esta bien. Disculpa, no quise incomodarte con cosas que es su tiempo fue verdad y ahora, según tú, ya no.
- Jódete - dice Catrina mientras oculta su cara en la almohada.
- También te amo.
- Ay, Joan.
- ¿Qué?
- ¿Porqué hablamos de todo esto de nuevo?
- Tal vez, porque eres tú quien trata de decirme algo.
- No, no es eso.
- Entonces la razón es porque te fastidio, te incomodo cuando hablo de ciertos temas que te hacen recordar.
- No, tampoco. Joan, ya no sigas.
- Entonces ¿Cómo quedamos?
- No sé, tú dirás.
- Entonces te pregunto ¿Quieres seguir conmigo?
- Sí
- ¿Y con la paciencia que se te acabó? ¿Cómo harás para soportarme?
- No sé - contesta desanimada.
- Entonces ¿No estás segura de seguir conmigo?
- Sí, lo estoy.
- ¿Estás segura a pesar de que en cualquier otro momento te puedo molestar por cualquier cosa mal dicha de tu parte?
- ¿En qué momento me expresé mal? - me reclama Catrina
- Cuando te metía mi mano por debajo de tu blusa para llegar a tus senos. Y cuando llegué me dijiste: "Tú pudiste".
- ¿Y? ¿Qué encuentras mal dicho ahí?
- Analicemos primero el verbo "pudiste", en el caso que sólo me hayas dicho: "Pudiste", yo lo interpretaría como que logré tocar tu seno derecho. Pero al agregar "Tú", me quisiste decir que sólo yo pude agarrartelo, es decir que hubo otro y otros que no pudieron tocártelos - se lo dije para hacerle entender que su habla no es buena.
- Ahora te pregunto -agregué- ¿Cuántos no pudieron tocarte las tetas?
- Nadie ¿Qué te pasa?
- ¿Tu ex no te los tocó?
- ¡No!
- ¿Otro chico no te los agarró?
- No, Joan, me haces sentir mal.
- ¿Y yo no me voy a sentir mal cuando me confundes por tu hermano Alex? ¿Qué crees que pienso yo? ¿Acaso cuando me abrazas, cuando me besas o cuando tiramos piensas en Alex?
- No, nada de eso. Me haces sentir peor.
- Pues eso es lo que me haces pensar.
- Tú también me confundiste por tu hermana.
- Sí, es verdad, pero sólo una vez en cambio tú fueron más.
- Discúlpame.
- No te preocupes. Ya me iré acostumbrando.
- Sí pes' al igual que yo me acostumbré cuando me tratas mal enfrente de tus amigos.
- ¿Cuándo te traté mal?
- A ver, ya que tu memoria no te sirve de mucho, cuando vinieron a la casa Kevin y Fernando para pasar el rato, no sé que caracho te habrá pasado pero tenías una cara que ninguno quería acercarse a tí, creo que te habíamos molestado porque puse canal 4 justo cuando daban el Angelus. Sé que no crees en Dios pero compórtate. Y otra más reciente fue hoy día cuando vino Fernando, me dijiste "conchasumadre".
- Sí, te lo dije, pero fue porque me habías dado un pellizco y creo que eso ya habíamos hablado ¿No?
- Bueno.
- ¿Algo más que quieras discutir?
- Nada más.
Se voltea, me da la espalda, y se hace la dormida. Yo también me volteo dándole la espalda, pero no me gusta estar peleado con ella, entonces con mi mano izquierda trato de sostenerla su mano derecha. Lo consigo y la jalo para que se voltee. Se voltea. Hago lo mismo. La abrazo. La beso. Me dice que me ama. Le creo. Le digo que la amo. Me cree. La abrazo con pasión, con ganas de excitarla, pero no tanto porque estaba con su regla. La beso por el cuello, alrededor de su oreja, de nuevo por su cuello. Le quito lentamente el vestido de dormir, solamente le bajé la tira izquierda para besar su hombro y bajar hasta llegar a su seno. Me detengo.

- No pares.
- Es que mañana, bueno hoy día, tengo clases en la universidad.
- Mmm. Ay, amor.
- Quisiera hacértelo pero tengo que dormir temprano. Son las dos y quince de la mañana.
- Sí, mejor durmamos. Amor, no es por joder pero ¿Cuál es el apellido de tus amiguitas Lucero y Alexandra?
- Ay... Auccapure y Elías
- ¿No tienen segundos nombres?
- Sí. Lucero Stephanie y Alexandra Tatiana.
- Aya, fue a Alexandra quien le escribiste ¿No?
- Sí pero fue un sueño que tuve.
- Si tu lo dices. ¿Y porqué no me lo contaste en tu momento, porque esperaste a que lo leyera?
- Porque pensé que tú nunca leerías mi blog. Además estamos iguales. Tú tampoco me contaste del beso que te diste con tu loquito Jhon.
- Aya. Entonces de verdad la besaste. Yo sabía que en este tiempo te habías besado con otra.
- ¿Qué dices? Ya te dije que fue un sueño
- ¿Y porqué lo comparas con lo que pasó con Jhon? Entonces hay algo de verdad. Sabía que no me serías fiel.
- Si eso piensas - me molesté.
- ¿Porqué no le dijiste para que sea tu enamorada, ya que ella es la chica que siempre te gustará?
- Sí, pero la quiero como amiga. No quiero perder eso. Además no sé si yo a ella le gusto y prefiero no saberlo.
Le dí la espalda y me dormí.


viernes, 7 de agosto de 2009

Entre la sombra y la pared

Quien como algunos no sabe lo que es la soledad en este mundo habitado por todos pero en que una minoría se encierran en burbujas, en su casa o en sus propios pensamientos. Esa soledad que sólo pocos saben mantenerla, saben reprimirse sin herir o, en casos, hiriendo a los que no importan, a los que les importan y a los que aman.

Aunque ciertamente esa soledad es por algunas razones que solo ellos saben y no dejan que se sepa. Dicen que estan bien, que no pasa nada, que quieren dormir o que tienen tarea por hacer. Son cuidadosos en ocultar su sórdida pero fascinante vivencia bajo la sombra y el aislamiento de la sociedad increíblemente estúpida y conformista.

Se podría imaginar cual sería la razón para tal separación de las personas en:
1.- Un niño por las constantes peleas y griteríos de sus padres, ya sea por el trabajo, por la casa o por su escasa intimidad.
2.- Una niña por los abusos que fue sometida en su colegio o en su propia casa.
3.- Un joven universitario por la cólera de no saber el porque está en la universidad, por el pésimo carácter que tiene hacia los otros, más no con su pareja, y por el dolor en la parte central de su tórax y la incomodidad de la postura de su cuello.

La soledad se da por cualquier motivo, toda circunstancia, todo suceso en la vida conlleva a la soledad, a la muerte (penosa para su alrededor pero grata para el solitario).
Aún más preocupante es la soledad del estudiante de universidad privada que escribe oraciones con sentido pero aburrido para todos, oraciones en las que no sabe que escribir más que su propia vida, su vida con la pareja actual.

El escritor universitario sólo elogia a su pareja porque ella es la única quien esá a su lado y que tolera sus absurdas suposiciones y tontas e innecesarias molestías por los celos. El escritor universitario, que a pesar de sufrir un dolor ocacional en su corazón y constantes, más no escandalosas, divagaciones y dichos que salen de su enredada lengua por la pérdida algo prematura de su memoria, que en unos años le dificultará su relación con los demás y, peor aún, con su vida.

Teme perder sus recuerdos, los pocos recuerdos que le quedan, pocos recuerdos que prefiere olvidarlos, recuerdos malos que pasó de niño. Lo que si teme aún más es perder el recuerdo de su amada, de la chica que le ayudó a entender el valor de una relación de pareja.

Teme quedar solo, quedar encerrado en un cuarto por sus no comprendidas palabras. Aunque le hará bien esa soledad, así no podrá molestar a nadie ni podrá equivocarse nunca. Así podrá mantener a lado a su querida. Así no podrá molestarla con sus celos, sus disparates ni con sus habladurías que aburren. Tampoco con sus exaltaciones por cosas que no debería alterarse. Lo único que tiene presente es la felicidad de su amada, serle fiel y hacerla felíz.

Sería una muerte felíz y digna. Que nadie se preocupe por recogerlo de la morgue, por ver como irá vestido, por el precio de su ataúd ni por la preguna que harían: "¿Le ponemos un cura?".

Una muerte felíz y placentera es lo único que pide ese escritor universitario, y que nadie bote lágrimas por él, porque él sabe de antemano que no se las merece. Su único deseo es desfallecer en su cama con un paro cardiaco, sería ofensivo para él si muere por problemas renales.

Un paro cardiaco, en su cama y de noche, es el deseo que prevalece en su mente distraída, de esa manera podría sentirse amado y tranquilo.