sábado, 17 de enero de 2009

La hermana de mi amigo - capítulo 2: Ashley, yo y mi cómplice

Un día, cuando fui a recoger a Ashley, me dijo que iba a faltar a clases, porque quería pasar el día conmigo. Yo le dije que no, que vaya a clases, que no debía hacer eso por mí, pero ella insistía, me decía solo hoy y nada más, como insistía demasiado, le dije "Okey". Caminamos un largo camino procurando que nadie nos vea y esperando hasta que los del Romina ya no estén a la vista, para poder ir a mi casa tranquilos. Habrán pasado unos diez minutos y tuvimos el camino despejado, no pasaba nadie.
- ¿Estás segura que quieres faltar? –le dije.
- Sí, ¿y tú, me podrás soportar toda la mañana? –me pregunta Ashley.
- Claro que sí, por mí te quedas a dormir, jaja.
- Ahhh, que lindo, me gustaría pero de ahí me gritarían en mi casa –me contestó ella. Llegamos a mi casa y mi mamá estaba ahí. Me regañaba levemente, por el hecho de haber traído a Ashley a casa. Yo le dije que no tenía clases, y que solo por hoy estará en la casa.

Luego mamá se fue a trabajar, mi hermana también se iba a sus clases en Inteci, le faltaba unos meses para terminar sus clases. Mientras tanto, Ashley y yo nos quedamos solos. Teníamos toda la casa a nuestra disposición: Nos abrazábamos, nos besábamos, nos fastidiábamos, yo le decía gordita y ella me decía gordito, jugábamos como si fueramos unos niños.

Media hora más tarde, me dijo que quería cambiarse de ropa y me pidió prestado un buzo. Quince minutos más tarde, salió y llevaba puesto mi buzo y mi casaca de colegio; y yo, como de costumbre, tomaba mi cerveza, mi pretexto era porque tenía frío, pero no era verdad.
- Ay, tu siempre tomando. Voy a esconder esa botella para que no tomes más.
- A ver escóndelo.
- Esta bien, la voy a esconder.
- Un rato voy al baño -le dije.
Me eché agua a mi cabello. Salí. Me dirigí a la cocina, pero había algo que no encontraba. Era mi botellita de cerveza. Llamé a Ashley.
- ¿Sabes donde dejé mi botella?
- No lo sé –me dijo, pero noté en ella que se reía mucho y que también temblaba.
- Ahhh, tú lo tienes pues.
- No, yo no.
- Jaja, mira como te mueres de frío.
- Jiji, no, no lo tengo en serio.
- Ven. Ven. Dame la botella –le pedía. Ella comenzó a escapar. Yo la correteaba. Entró al cuarto de mi mamá, que estaba oscuro, y se escondió.
- Ashley, Ashley, Ashley. Ven, ven, ven.
- Oye, no soy perra.
- Jaja. Aquí estás –la encontré, estaba sentada detrás de una silla y se había envuelto en una sabana.
- Eso no se vale.
- Por mi botella hago lo que sea.
- Si pues, como siempre, tu cerveza primero.
- No te pongas celosa.
- Es cierto ya, tú quieres más a tu trago que a mí.
- Pero si a ti te quiero mucho más -lo que dije, ni yo me la creía.
- Si, como no. Yo te quiero mucho mucho.
- Yo también. Ahora dime ¿Dónde pusiste mi botella?
- No sé, búscalo –me dijo, y yo comencé a buscar, yo sabía que la botella estaba dentro de mi casaca que tenía puesta ella, en eso la abracé y me puse a abrir la cremallera de la casaca.
- No, no lo abras –me dijo
- ¿Por qué? –le pregunté
- Es que no llevo nada puesto –me contestó. Yo me quedé pensando. La abracé, la besé en la boca y en su cuello. La levanté, le quité mi botella y la puse a un lado pero antes tomé un sorbo para sacudir la cabeza.
- Te quiero –le dije.
- Yo también te quiero – me dijo ella sonrojada, al igual que yo.
De tantos abrazos y besos, se nos subió la excitación a la cabeza, y también por el hecho de estar solos. Se sentó en la cama de mi mamá, yo estaba parado. De un momento a otro, comenzó a quitarme el polo. Yo la besaba. Le quité la casaca, solo llevaba puesto su brassiere, era de color rojo.
Puse mis manos en su espalda y le quité su brassiere. La besé en todas partes de su cuerpo, solo hasta la cintura, todavía tenía puesta ella mi buzo y yo mi pantalón, tampoco no buscábamos hacerlo en ese momento, bueno eso es lo que yo pensaba. Nos poníamos en cualquier posición, nos tocábamos, sentíamos como si de verdad lo estuviéramos haciendo. A los veinte minutos, nos detuvimos.
- ¿Eso acaba de ocurrir? –me preguntó.
- Pues sí, eso creo.
- Nunca pensé estar así con un chico. Me gustó estar contigo.
- ¿Qué hora son, ah? -le pregunté
- Vas a llegar tarde a tu colegio. Son las once y cincuenta.

Pasaron los minutos y nos cambiamos. Media hora después, salimos de la casa y en el parque que está cerca al puente, nos despedimos. Ashley a su colegio y yo al mío.
Cuando entré, todos me miraban, y susurreaban entre ellos.
- ¿Cómo que vino muy feliz Joan, no? –dijo una, que me cae antipática.
- Oe sí, ¿Por qué será no? – dijo Pierre.
- Hola ¿Qué tal? -les dije.
- Uuuyyyy ¿Con que muy contento viniste? –dijo Tatiana.
- Si ¿no? ¿Por qué será? –les dije.

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